Dos frases... " Si quieren pelea, la tendrán" y "golpe a la democracia"... que son dos cosas muy serias, especialmente si estamos hablando de regular la actividad financiera de los bancos en el primer caso, y de discrepar profundamente de una decisión de corte electoral del superpoderoso Tribunal Supremo de los Estados Unidos.
Obama abre frentes y radicaliza su discurso democrático. Según los analistas para recuperar la iniciativa perdida tras la pérdida electoral de esta semana en Masachusetts, que le complica enormemente la vida de cara a su reforma sanitaria y las elecciones de noviembre. Sin embargo, todo esto es estrategia, una estrategia que le puede desgastar a él, y puede devolver al fondo del armario temas muy importantes como la reforma sanitaria y los límites a la especulación financiera. Son temas que, pese a todo, es necesario abordar a la luz de la crisis política y social. Y un debate democrático sobre ellos a nadie debe molestar (ni siquiera al poder económico, que no es poco). Regular la actividad y poner límite a la especulación significa aumentar la seguridad de los ahorros de los ciudadanos para que no tengan que volver a ser estafados por un Maddof de turno. Aprobar la reforma sanitaria supone extender el servicio sanitario gratuíto a seres humanos que necesitan de esa ayuda más que aquellos a los que el saldo de su cuenta corriente les permite cambiarse de seguro médico porque en la competencia le regalan hilo dental.
En definitiva: Obama más radical. Pero me niego a que los periódicos de turno le llamen populista. Populismo es utilizar a las masas como pretexto para una actuación muy particular o personalista, por ejemplo. Sin embargo, Obama quiere, legítimamente, cumplir con su palabra y hacer a su país un gran favor en términos de justicia política y social. Esperemos que esta estrategia no se quede solo en palabras, y que no tenga que venir aquí a contaros lo decepcionado que me siento.